martes, 26 de febrero de 2008

seguimos con la venta de mujeres

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raul alayon

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La Prostitución es la versión actual de la esclavitud del siglo XXI. Desgraciadamente se continúa todavía ahora, en los tiempos que vivimos, comerciando con el sexo. En los últimos años, el negocio que rodea la prostitución, tráfico y pornografía, ha pasado de ser el tercer gran negocio del mundo después del tráfico de armas y de drogas, a ser el segundo inmediatamente después del tráfico de drogas. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones, durante 1.995 alrededor de 500.000 mujeres fueron vendidas en los países de la Unión Europea y obligadas a ejercer la Prostitución, en una situación de semiesclavitud.
Ahora que, desgraciadamente, la violencia doméstica esta tan de actualidad es necesario señalar que la violencia contra las mujeres constituye una violación de los Derechos Humanos. En la mayoría de los casos a las autoridades les preocupa más el tráfico de drogas o el blanqueo de dinero, que el tráfico ilegal de mujeres.

El tráfico de mujeres con fines de explotación sexual ha ido en aumento en las víctimas décadas, propiciado por factores como la adopción de medidas reguladoras o legalizadoras de la prostitución por algunos países, el turismo sexual, la feminización de la pobreza, el patriarcado, la pérdida de poder de la mujer, la impunidad de los proxenetas o los conflictos bélicos. La rentabilidad del negocio y la demanda del mismo aseguran su existencia. La Prostitución es considerada el segundo negocio más lucrativo del mundo, aunque resulte difícilmente cuantificable.

Según la catedrática de la Universidad Complutense, María José Barahona, hay una clara hipocresía social por no querer reconocer lo evidente. Así, en la mayoría de los casos, un Stripper significaría mujer que hace strip-tease, pero en realidad se refiere a una prostituta. Club es un anglicismo que significa bar nocturno, generalmente acondicionado para bailar pero, en la práctica, no es otra cosa que un burdel. Dancers no son bailarinas, sino prostitutas.

La Prostitución en Europa vive una situación compleja ya que cada país tiene sus propias leyes y códigos normativos que tratan la prostitución, la explotación sexual de las personas y el proxenetismo, no existiendo una legislación única. Podemos decir que tres son las principales corrientes que influyen en los Estados a la hora de afrontar esta realidad. El sistema prohibicionista, donde la prostitución está prohibida y castigada con la cárcel, con multas o con medidas reeducadoras para quien la ejerce, organiza y promueve. El sistema reglamentista, consistente en el registro y el control médico obligatorio de las prostitutas, limitaciones de los espacios dónde se puede ejercer la prostitución y en un sometimiento pleno a la legislación laboral y fiscal. Países como Alemania, Grecia y, más intensamente, Holanda, siguen este sistema. El sistema abolicionista está vinculado a movimientos feministas y postulan que la prostitución femenina viola la dignidad de la mujer, denigrándola a la condición de objeto de comercio. De acuerdo con estos principios se ha elaborado la legislación Sueca de 1.999 que penaliza la compra de servicios sexuales.

En el caso de España, la prostitución se encuentra en una situación que se podría denominar de alegal ya que, por un lado, su ejercicio no constituye delito, pero, por otro lado, las personas que la ejercen carecen de derechos reconocidos, dando lugar a todo tipo de abusos y de sobreexplotación.

El Informe, correspondiente a los años 2.003 y 2.004, de la unidad técnica de la Policía Judicial española sobre tráfico de seres humanos con fines de explotación sexual señala que, en nuestro país, se ha producido un incremento, en los últimos años, de la actividad de grupos criminales organizados, dedicados sobre todo a la captación e introducción de mujeres inmigrantes que son explotadas en nuestro país de muy diversas formas. Así el 80 por ciento de las mujeres que se prostituyen lo hacen en clubes de carretera. El otro 20 por ciento lo hace en pisos privados, en establecimientos urbanos tipo "sauna de masajes", en sus propias viviendas o como acompañantes de lujo, y, en fin, las personas más desfavorecidas se prostituyen en las vías urbanas y en zonas verdes.

Los países de procedencia de mujeres extranjeras siguen siendo los países americanos, siendo destacable el caso de Colombia durante el año 2.003 y el de Brasil en 2004. La relación entre prostitución e inmigración es evidente y así esta actividad se presenta como una posibilidad real de trabajo que les permite sobrevivir y enviar parte del dinero que ganan a sus familias.

Según el Informe de la Policía Judicial de la Guardia Civil, no todas las mujeres captadas por las organizaciones mafiosas internacionales lo son con el objeto de ejercer la prostitución. Algunas son engañadas en sus países de origen, al recibir ofertas para una gran diversidad de puestos de trabajo (en el servicio doméstico, de camareras en la hostelería, acompañando a personas mayores o enfermos, azafatas de congresos, etc.), pero cuando llegan a nuestro país toman conciencia de que su destino real es la prostitución. Entre el 70 y el 90 por ciento de las mujeres que se dedican a la prostitución son extranjeras y la mayoría son víctimas del sistema, víctimas de sus proxenetas y víctimas de sus clientes. En numerosos casos han sido, además, víctimas de abusos sexuales en la infancia. La salida, en cualquier caso, no resulta fácil sin un fuerte apoyo familiar y social. Desgraciadamente dentro de la prostitución se unen tres miserias: la afectiva, la humana y la sexual. La prostituta se encuentra en una situación de marginación, exclusión social y reprobación moral por parte de la sociedad. Para la UNESCO el problema del tráfico de mujeres y la prostitución es un "problema de consumo europeo" en el que las mujeres del tercer mundo son las víctimas principales.